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sábado, 7 de julio de 2007

Desinformacion oficial, turista cabreado

Javier Salvador, teleprensa.esDesalentar a propios y forasteros en una ciudad que aspira a ser algo en el mundo del turismo es anunciar en los paneles de la Avenida Cabo de Gata que todos los aparcamientos públicos del centro están libres y cuando llegas te tiras veinte minutos para entrar y otros veinte para encontrar una aguja en un pajar.

También sirve como estrategia de desánimo esperar al autobús confiando en la información de los paneles electrónicos que hay en cada parada, porque lo de los tiempos es como una lotería. Puede que acierte o puede que no, así que siempre hay que tirar a la estrategia de toda la vida, es decir, asomar la cabeza para ver si viene alguno y cruzar los dedos para que sea el tuyo.

Estamos tan bien señalizados que cuando un tipo te para en la plaza San Pedro y te pregunta ¿cómo se llega a Roquetas?, te da por descojonarte de risa y cuando te preguntan por aparcamiento simplemente le bendices y le dices “por ahí pa lante”.

Hay algo nuevo en las calles de Almería que no sabemos aprovechar. Se llaman turistas, van en pantalón corto, sandalias, gorra, mochila y plano en la mano. Esos que antes se quedaban en Roquetas y Mojácar y que ahora empiezan a hacer tímidas excursiones a la capital. Principalmente discuten señalando un mapa manido con tantas arrugas como vueltas han dado para encontrar algo abierto que se pueda visitar. Y mejor es que miren el plano, porque como busquen la señalización vertical, esa que supuestamente debe estar en cada cruce de calles, la cosa puede ponerse fea.

Realmente no lo hacemos todo mal, hay cosas en las que andamos muy sobrados, pero prestar un poco de atención al visitante no estaría mal y, por lo menos, con no engañarle valdría, pero la información que tenemos sobre los servicios públicos es como para arrojar a los leones a su responsable.

Para entenderlo hay que escuchar las dos versiones que se dan a los turistas que preguntan. Está el que le dice al visitante que “aquí no hay na de na, na más que calor” y al que le suelta una enorme lista de cosas por ver en la ciudad, que cuando les escuchas sólo piensas en rezar para que encuentre algo abierto y no se enfade demasiado. También está el gracioso, simpaticón que a la pregunta de una pareja que pasa por el Preventorio y le preguntan ¿esto qué es?, él responde que se trata del Ayuntamiento.

Esa respuesta lleva encadenada otra pregunta ¿tan pequeño?, pero lo genial fue la respuesta del ciudadano “¡Pa lo que hacen! les sobra la mitá”. Ese tipo, por lo menos, arrancó la sonrisa de unos visitantes que fueron a ver la vieja estación de trenes y se quedaron con la fachada porque, claro, a nadie se le ocurre darle una utilidad ni en verano aprovechando la gente que llega a la Intermodal y cosas de esas. Ahora bien, siempre que he escuchado alguna indicación, -y soy de los que pone la oreja- el final, dicho de una forma u otra, es el mismo “lo mejor es irse de cañas”.

No obstante, por encima de todas las críticas o bendiciones, hay un hecho real como la vida misma. No tenemos ni idea de vender un hecho diferencial de Almería porque, simplemente, aún no lo hemos descubierto.

No podemos competir como ciudad monumental, ni ir de capital con playas estupendas, de cuna del flamenco o cualquier otra cosa que se nos ocurra porque, simplemente no hemos focalizado los esfuerzos en algo concreto. Nos hemos dispersado tanto que aún no hemos encontrando esa especialidad en la que quemar todas las naves. Y no lo hacemos porque aún no hemos entendido algo, que primero tenemos que creer en nuestro producto.

Y la verdad es que da igual lo que elijamos, el hecho es decidir en qué nos queremos diferenciar. Por ejemplo, por muchos esfuerzos que hagamos, la gente de fuera viene a Almería capital a comer tapas. Pues estupendo, convirtamos Almería en la ciudad de las tapas y anunciémoslo en cada esquina, en cada guía y que todos sepan a lo que vienen, aunque sea a ponerse ciegos de ensaladilla rusa y filetes empanados, pero seamos serios. Hagamos algo para que cuando llegue un turista, después de cuarenta minutos de aparcamiento, engañado con falsa información en carteles electrónicos, cargado de niños, mochila y demás familia no diga ¿ya ahora qué?

Teleprensa

1 comentarios:

Excelente crítica-constructiva. Asi es como han de hacerse las criticas indicando cual es uno de los problemas y como enfocarlo para dar una salida al mismo.
Es mas cuando vienen los turistas, generalmente?, los fines de semana que es cuando esta todo cerrado. que incongruencia.