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sábado, 8 de marzo de 2008

Jornada de reflexion

Esta mañana, tras un desayuno tranquilo, he subido a mi despacho (está en la planta alta de mi casa), tras la ventana he contemplado un día espléndido (la imagen es la que ha recogido mi webcam), con temperatura agradable tras el frío de los últimos días, en calma con una ligera brisa que balanceaba suavemente los árboles del parque cercano. He recordado de pronto que mañana es día de elecciones, y al igual que en las últimas convocatorias sigo sin tener claro a quién dar mi voto.

He conectado internet y he accedido a los diarios digitales, primero a los nacionales y después a los internacionales. En pocos segundos ha desaparecido el sosiego y la tranquilidad, en unos minutos he pasado de la paz sensorial a la más grande perturbación moral. Las noticias han ido fluyendo hacia mi cerebro: "Niña desaparecida hace dos meses es encontrada muerta en la bahía...", "Asesinado brutal y cobardemente un ciudadano en un pueblo... al parecer por la banda terrorista ETA...", "Nuevas muertes en Irak causadas por atendado del extremismo islámico...",

Me he negado a seguir leyendo información sobre este mundo que nos rodea, no porque no tenga interés en lo que pasa a mi alrededor, sino porque me siento hastiado tras una larga, larguísima, campaña electoral en la que sólo he visto a unos y otros candidatos hablar de lo bien que saben hacer las cosas y de lo mal que lo hacen sus contrarios, comentan y discuten sobre ideas generales que en algunos casos hasta parecen merecedoras de apoyos. Pero no he oído a dirigente alguno hablar de lo más importante: Cómo solucionar la adicción del ser humano a la violencia, cómo establecer una escala de valores moralmente admisible donde el respeto a la vida, a toda forma de vida, sea lo más importante para todos, cómo convencer a toda una especie animal (Homo Sapiens) que simplemente somos seres vivos que estamos sujetos a un espacio-tiempo muy corto y que cuando nuestro ciclo vital se acaba no podemos arrastrar con nosotros ni los mayores tesoros ni las las más grandes ideas.

El dolor de las personas al igual que el de cualquier otro ser vivo no es mensurable (aunque nos empeñamos en crear tablas, escalas y otras medidas), pero al verlo de forma tan cotidiana: muertes en accidentes de tráfico, muertes por violencia en la familia, muertes por acciones terroristas, muertes en guerras despiadas (somos la única especie que ha sido capaz de inventar la guerra), muertes por hambre en el mundo (ésta para mí es la más dolorosa ya que si hemos sido capaces de aprovechar los avances científicos para mejorar la tecnología hasta llevarnos fuera de la Tierra, cómo no somos capaces de utilizar esa tecnología tan avanzada para erradicar esta forma de sufrimiento mundial, inmoral y denigrante para todos aquellos que lo toleramos de forma impasible), y otras muchas formas de muerte en general estúpidas e innecesarias. Como comentaba, el ver el dolor de forma cotidiana en los medios de comunicación, nos ha llevado a hacernos insensibles a él, hasta que nos roza de forma cercana. Entonces nuestro sufrimiento causa tanto dolor que en poco tiempo nos lleva a intentar alejarnos aún más de los que nos rodean para evitar de alguna manera sufrir más.

No entiendo por qué en un planeta donde visto desde el espacio no hay fronteras, nos empeñamos cada vez más en crear nuevas líneas para separarnos, cuando lo importante sería todo lo contrario, si no existieran fronteras todos seríamos ciudadanos de un mismo país, la Tierra, por lo que no tendría sentido la guerra para conquistar otros pueblos o riquezas, no tendría sentido la mayoría de las formas de violencia porque todos seríamos vecinos con relaciones o vínculos de proximidad e incluso de familia.
Pero seguramente nuestra propia condición de humanos, que nos hace olvidar que vivimos en un pequeño rincón de un Universo cuyo tamaño no puede entrar en nuestro limitado cerebro, que nos hace olvidar que nuestra propia existencia es un cúmulo de increíbles circunstancias que han posibilitado que la evolución nos haya dado la inteligencia que tan mal utilizamos en algunos casos. Esa condición de humanos (sapiens para colmo), nos llevaría a romper con la paz en convivencia por envidia, celos, rencor, odio o cualquier otra connotación inherente a nuestros genes. Nuestros políticos no pueden ser tan diferentes a nosotros mismos, pero sueño en que algún día nuestros dirigentes encuentren la claridad de ideas para que puedan aportar las condiciones necesarias que nos hagan mejorar como humanos.

En cualquiera caso, y después de tanto pensar, sigo sin saber si ir a votar, si votar a uno, al otro o al de más allá. Bueno, pero lo importante al final es que puedo decidir "libremente" si quiero o no quiero dar mi apoyo a alguno de ellos.

Paco Gil. Editor de Almería Mundi

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